Qué ver en Sevilla | La Plaza de ESPAÑA

25 de agosto, 2020 - entradas - Comentarios -

QUÉ VER EN SEVILLA | LA PLAZA DE ESPAÑA

Al oeste de Andalucía y sur de España. Si quieres saber qué ver en Sevilla, estás en el lugar adecuado.

Todas las ciudades tienen monumentos que se convierten en iconos de las mismas desde el exacto momento en que se construyen, como si tuvieran un pase directo al corazón de las personas. Hoy nos hemos venido hasta un lugar que se creó con la intención de representar a toda una nación. Hay lugares que van a significar mucho a nivel personal, porque serán el telón de fondo de un gran número de nuestras experiencias vitales, y nos van a acompañar toda nuestra vida como parte del paisaje que conforma nuestra memoria. Y en Sevilla, uno de esos lugares es sin lugar a dudas LA PLAZA DE ESPAÑA. Preguntadle a cualquier sevillano si tiene recuerdos aquí, lo más probable es que se le venga a la memoria paseos familiares durante su infancia, que aquí hiciera las fotos de la Primera Comunión, con fotos por la plaza y el PARQUE DE MARÍA LUISA; que aquí tuviera sus primeros paseos con sus amores, a la sombra cómplice de estos árboles, y que tal vez, vestidos de novios posaran aquí para las fotos. No solo constituye un lugar con un aura de romanticismo especial para los habitantes de Sevilla. Cada vez son más los visitantes que se dejan llevar por la belleza extraordinaria del lugar. Podemos ver a viajeros de todos los rincones del mundo que llegan a Sevilla, ya sea en viaje familiar, luna de miel o incluso con pedidas de mano sorpresa.


Historia de la plaza de españa de sevilla

Durante los primeros años de 1900 España era una nación que ya no podía ni tan siquiera aparentar la fachada de poder imperial que había exhibido durante otras años más pujantes. Los restos de dominio colonial que le habían quedado tras la gran ola de independencias a principios del s.XIX, aquí recordamos a Simón Bolivar (1783-1830), José de San Martín (1778-1850), Antonio José de Sucre (1795-1830) eran muy diferentes a los que hasta entonces habían sido. De aquel imperio sobre el cual no se ponía el sol, solamente habían quedado bajo dominio de España Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En torno a ellas se llevó a cabo el control colonial de las ultimas décadas de España como potencia ultramarina. Pero 1898 propició el golpe final: la guerra hispano-estadounidense. La potencia militar de España fue barrida por mar y el ejército no pudo proseguir con su lucha a ambos extremos del mar sin el apoyo de una marina que los pudiera suministrar. Tres meses y diecisiete días duró la guerra que acabó con una derrota total de España, que termino de fulminar su imperio marino. Estas tres últimas colonias que poseía España fueron para los EEUU, y el resto de las posesiones fueron vendidas. La visión de España como dominadora de América era ya solamente un recuerdo, pero sin embargo esa zona de influencia no iba a quedar vacía. Ese testigo lo asumieron otros países, principalmente Reino Unido y los Estados unidos, que consideraban que el gran continente americano debía quedar fuera de las injerencias europeas, y bajo la suya propia, como la nación más poderosa de América. Por aquel tiempo eran muchas las voces que expresaban una cierta simpatía por España, por lo injusto de la guerra, por el recuerdo de una historia común y un sentimiento de cierta comunidad expresado como aquel contacto común de la Península Ibérica y los pueblos de Iberoamérica. Esto lo encontraremos en figuras como el poeta nicaragüense Rubén Darío, al cual de hecho se le homenajea a la entrada de este recinto con un pequeño texto suyo. Aquí en Sevilla, unida a ese recuerdo americano ya desde los principios de siglo se baraja de forma clara la intención de hacer un certamen de muestras en el cual estuvieran todas las naciones que fueron en su día colonia española, a lo que se incluiría además la presencia de Portugal para formar la unidad ibérica. Incluso se llegó a contar a los Estados Unidos como invitado especial.



el festival iberoamericano de 1929

España había sido desprendida de su anterior grandeza debido al paso del tiempo y el surgir de potencias más nuevas y con un poder material mucho mayor. Es una cuestión de números: por entonces, Estados Unidos tenía alrededor de 75 millones de habitantes, y España con aproximadamente unos 18. Sin contar con las diferencias económicas e industriales, Estados Unidos era ya una potencia con todas las letras. Con la derrota de España, esa velada sensación de peligro, de posibilidad de retornar al momento de dominio colonial se evapora, y toma cuerpo una mucho más real y cercana, el poder cada día más efectivo del gran vecino del norte. Se expresa esto en términos de mundo anglosajón y el espacio iberoamericano. Así que este acercamiento, ya en términos culturales y comerciales, va tomando forma. Desde los comienzos del nuevo siglo se barajan diferentes iniciativas. Una de las que toma forma es la de una gran exposición, al estilo de las mundiales que se hacía entonces, y se seguirán haciendo con gran éxito durante muchos años. Dos motivos para esto eran muy claros: regenerar Sevilla, recordando aquel pasado como la gran ciudad a y desde América, explorando las posibilidades de colaboración cultural, y por supuesto económicas. Y por otro lado dar un diseño más acorde con los tiempos de la relación de la monarquía y América. Sevilla es elegida como vórtice de una exposición en parte debido a la inclinación que sentía el rey Alfonso XIII por la ciudad. Tiempo atrás había mostrado gusto por la ciudad cuando vino a presenciar el comienzo de la corta de tablada en 1909. Ese mismo año aseguró que Sevilla era por su historia la ciudad idónea para albergar un evento de estas características. La exposición cambiaría el concepto que hasta entonces se tenía sobre el desarrollo urbanístico de la urbe, cuando se iban dando pasos en su preparación quedaban claro los elementos que tenían que mejorarse, los cuales eran muchos. La relación con el antiguo puerto de Indias de la exposición no es solo sentimental, se procuraba relanzar esta faceta portuaria. La exposición tiene como uno de sus ejes principales un lugar muy especial, el parque de María Luisa. En sí mismo supone el símbolo del paso de la ciudad antigua a la nueva. Anteriormente palacio de los Montpensier, miembros de la familia real francesa que fijaron su residencia en Sevilla. Una vez que María Luisa Fernanda de Borbón (1832-1897) quedara viuda, esta cedió sus terrenos a la ciudad. En 1911 empieza a trabajar en ella Jean-Claude Nicolas Forestier, arquitecto paisajista de origen francés. En 1914, bajo su dirección, se inaugura el parque que vemos a día de hoy, haciendo el paso del jardín cortesano al parque público moderno. Tan exitoso será que posteriormente fue llamado a Barcelona para trabajar en los jardines de Montjuic, por eso es que podemos encontrar elementos comunes entre uno y el otro. A pesar de múltiples problemas, los trabajos concluyeron a tiempo. Si hubiera llegado un poco después no se podría haber producido, ya que fue la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1870-1930) la que le dio un gran empuje. Esto es un elemento común en la mayoría de proyectos que ocurren a lo largo de la historia, ya que están condicionados por el vaivén de los contextos históricos que los acompañan. Y como no podía ser de otra forma la plaza de España no escapa a los condicionantes del país a principios de siglo.



Qué simboliza la plaza de españa de sevilla

El lugar que conocemos como la plaza de España es un conjunto monumental, la plaza en si más las construcciones que la abrazan. Una suma de elementos que nos habla de un estilo propio, el Regionalismo, muy propio de aquí a principios del siglo XX El objetivo principal que tuvo era uno sencillo en su teoría, pero muy complejo en su desarrollo. Es la pieza central de esta exposición de 1929, y por ese motivo su objetivo era la representación del evento y de la nación entera. Resumir lo que se quería mostrar que era España, sus provincias y logros. Estas obras fueron concedidas a Aníbal González (1876-1929). Tal fue la magnitud del proyecto que se llegaría a contar con casi mil hombres a la vez. Un elemento que destaca sobre todos los demás es la forma semicircular de la plaza, así como su orientación, la cual no mira hacia el centro de la ciudad, sino hacia el rio Guadalquivir, transmitiendo así una comunicación centenaria con el océano, el Mediterráneo y el resto del mundo. Es el camino a América, un camino de ida y vuelta, y representa una forma de abrazo a todo aquel que vuelve a remontar el río para entrar en Sevilla, es la bienvenida a las antiguas colonias. En 1926 Aníbal González presenta su dimisión del proyecto, y su legado es recogido por Vicente Traver (1888-1966), responsable entre otros elementos de la icónica fuente que se asienta en la mitad de la plaza. Otro elemento a tener en cuenta es el canal que cruza la plaza. Sobre sus aguas se levantan cuatro puentes que están nombrados por los reinos medievales: Aragón, Navarra, León y Castilla, que nos introduce un poco más de la magia del agua y podemos cruzar en sus barcas. A lo largo del semicírculo de la plaza encontramos unos bancos, con anaqueles cerámicos que se pensaron que estuvieran llenos de libros, preferentemente relacionados con el lugar a tratar, ya que se esperaba que esta plaza fuera un lugar de esparcimiento y deleite. En cada uno de ellos tenemos un panel cerámico dedicado a cada provincia española, en el cual nos narra un episodio histórico importante sucedido allí. Como curiosidad, aquí las Islas Canarias están representadas como una sola provincia, ya que la separación en provincias de Gran Canaria y Tenerife llegaría tiempo después; asimismo, la provincia de Sevilla no tiene banco propio, sino que sus paneles están dispersos en la galería. A lo largo de la plaza vemos también medallones que representan a algunas de las figuras más importantes de la historia española que se quiso reconocer entonces, desde los Reyes Católicos Isabel I de Castilla (1451-1504) Fernando II de Aragón y V de Castilla (1452-1516), a Miguel de Cervantes (1547-1616) o el pintor Joaquín Sorolla (1863-1923). Y, ¿Para qué sirve la plaza de España de Sevilla? A día de hoy este lugar tiene muchos usos aparte del monumental: es sede de la capitanía general de Sevilla, de los servicios de extranjería y alberga el museo militar de la ciudad.



Un lugar de cine: star wars en la plaza de españa

La espectacularidad del recinto hace que sea un lugar muy propicio para proyectos cinematográficos, tomando este lugar como referencia para sus localizaciones. A nosotros nos gusta resaltar el aire exótico y un poco oriental que parece transmitir a los extranjeros, ya que esta es la tónica que se repite en los escenarios de las cintas que se ambientan en él. Atracción que ha sido reconocida en el hecho de haber sido nombrada tesoro de la cultura cinematográfica europea. Entre otros, ha servido para retratar el ambiente de la ciudad de El Cairo, capital del Egipto moderno, en la mítica “Lawrence de Arabia” de David Lean (1962). Además, nos habla de reinos de fantasía y muestra mundos de ciencia ficción, como en “Star Wars – Episodio II: El ataque de los clones”. En “El Dictador” (2012), de Sacha Baron Cohen, es el palacio del terrible dictador Aladeen, almirante general de Wadiya. También aparece en “El viento y león” (1975) con Sean Connery, al ambientar las aventuras anti coloniales en Marruecos.



No sé a vosotros, pero nosotros estamos deseando encontrar alguna excusa para volver a recorrer este lugar de ensueño. No podemos terminar sin preguntaros, ¿cuál es vuestra plaza favorita del mundo?, aquella que una vez visitada sentís que os ha robado una parte del corazón y no podéis dejar de pensar en ella. Os leemos en los comentarios y, sin más, os esperamos en nuestro próximo episodio de La calle del infierno. 

 ¡Hasta pronto!

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